¿Qué es el amor?. El amor no se reduce a la mera atracción que siente el hombre por la mujer o viceversa en razón de la complementación de los sexos; esa atracción es instintiva y no tiene, por lo general un nombre propio. No se dirige al individuo sino a la especie.

Tampoco es el ansia por salir a toda costa de la propia soledad, o que lo vengan a liberar del aburrimiento de sentirse confinado en su propia casa; ni es el sentimiento vanidoso de sentirse admirado y preferido por una persona interesante o de prestigio.

No se identifica necesariamente con el deslumbramiento inicial, que enciende repentinamente el corazón ante la presencia de una persona atrayente sobre la cual se proyecta instintivamente el ideal de hombre o de mujer, que cada opuesto lleva dentro de sí. Este enamoramiento impide reconocer al otro en su realidad concreta y personal. No es propiamente amor de la persona del otro, sino amor del amor o de un ideal fabricado por la fantasía.

El verdadero amor florece en referencia a un ser determinado, con nombre, con historia y con familia; de alma y espíritu, enmarcado por los límites de la realidad concreta, con sus cualidades y sus defectos; pero en quien se intuye un ideal en proyecto por una anticipación clarividente de todo lo bueno, bello y verdadero que se espera brotará de él.

El amor no se identifica plenamente con el sentimiento estimulante de sentirse estimado y querido. El amor es el movimiento insospechado que arrastra al hombre a salir de sí, para introducirse en la vida del otro, descubrirlo y unirse en el núcleo central, único e irrepetible de la persona. Es la unión interpersonal por excelencia. Es la celebración gozosa de que el otro exista, y esté en la vida. Es la vivencia del otro como persona, la que se siente como un don gratuito, el más grande que se pueda recibir en la vida. Quien ama de verdad a alguien no lo quiere tanto para sí, sino para él, para que logre su pleno desarrollo.

Toda persona por ser inagotable e inexpresable en su originalidad, requiere un tiempo ilimitado para ser conocida, y que más que todo de un conocimiento lleno de respeto que abre la confianza y que hace posible la aproximación a la intimidad de la persona. El respeto es precisamente esa cualidad que es capaz de bajar a la profundidad del ser personal siempre abierto al asombro ante el misterio del hombre, al que nunca se puede dar por definitivamente conocido, como las cosas.

Como la persona humana es espíritu encarnado, llega a su intimidad a través de la transparencia del cuerpo, de sus palabras, de sus gestos y expresiones. El cuidado respetuoso de su aproximación hace posible que el otro se manifieste tal cual es.

La comunicación de dos seres, se expresa, se realiza y se consume a través de la aproximación física.

En el matrimonio, éste no fracasa por puro desajuste sexual. Se derrumba porque se deja morir el amor, porque se enmudece el dialogo y ya no hay nada que comunicarse y con eso se acaba el alimento y el cultivo. Entonces entra en juego la rutina, la nube de la indiferencia, que transforma a los amantes en extraños. Como consecuencia de eso también las expresiones del sexo pierden sentido y su vida; se convierten en actos compulsivos, egoístas, vacíos de todo contenido emocional y humano.

Todo amor humano verdadero, requiere de una decisión libre por la que se hacen responsable uno del otro, por la que se comprometan a aceptarse, a amarse desde el fondo del ser y hacia un “para siempre. El compromiso de aceptación mutua, de una pareja, que se expresa un día determinado, ha de hacer vibrar todos los momentos y ámbito de su ser. Se necesitará quizá toda una vida para descubrir al otro y descubrirse a sí mismo en el otro.

Esto supone una gran capacidad de esperanza y creatividad, que se funda en la fidelidad. La fidelidad en términos de creatividad: de ternura, de paciencia; cada uno de los que se aman van presentando al otro un rostro en el que se puede reconocer y aceptarse, Para ser fiel al otro, he de empezar por ser fiel a mí mismo. Soy fiel a lo mío que he puesto en el otro, soy fiel al otro que existe en mí. Al nosotros que hemos ido creando juntos.

Continúa…

Dimensión Humana del Amor (Prof. Fernando Briceño U.) – Parte 1
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